-"No pertenezco a ese lugar, me di cuenta cuando me dijo adiós en la terminal; pero en su insolente actuar pude ver que esta historia no parecía una conclusión a la que tanto evadimos y temíamos (jugando con los sueños y con las palabras que dejábamos entretejer). Ahora, solitaria con los recuerdos, y la música que me brinda la noche, escucho en la lejanía de los sonidos un tiple, un viejo audio que se interpuso en la reproducción de la música. Me asomo en la ventana de mi corazón y los libros de la buena memoria anuncian su aparición; me imagino una copa de vino servida en la mesa de noche que esta a los pies de mi cama; veo su silueta y en el fondo ese polvo verde que me regaló para componerme: "mambea un poco cuando te sientas triste" Pero... ¿qué hago si siempre me siento triste? No puedo romper el secreto que tengo a su recuerdo,ese aroma cafetero, ese aroma a festival y un "te quiero" susurrado entre dientes; yo simplemente buscaba un lugar para ser, sin temor a la discriminación, pero él buscaba un lugar donde podía controlarlo todo, con temor a sus enemigos imaginarios (los celos)
En la laguna de la memoria habita su bella silueta que espera la corriente que lo lleve hasta el mar; otorgándole favores al mismísimo Poseidón, y resguardandose en las moradas de Hades durante el anochecer, pidiéndole el derecho al roce por su profundo amor y su pasión demarcada, una que llevaba al mismísimo Apolo a sus moradas. Por ende su silueta se volvió el sol de estas profundidades, llenándose de vehemencia y tonalidades de múltiple color. En medio del festín, la silueta liberaba una luz llena de música, sus tonalidades se disipaban como los destellos de una varita mágica, de esas que llevan las hadas en los cuentos infantiles. Este suceso se podía comparar con lo excelso de su espíritu, la inocencia que demarcaba una tierra no tan violenta y oscura; por esta razón los besos de mis profundidades buscaban sus labios de luz, para nutrirse de sabiduría, un conocimiento que me llevaría a una nueva resolución. Amantes llegaron para usurpar su guarida mientras su atención se desviaba; pero su apresurada manera de actuar le causaron más sufrimiento, desconfío de su propia luz y decidió encarcelarla. Su olor de fruta fresca y café mañanero se empezaron a volver tenues a causa de su miedo; El festín del fondo se transformó en un suplicio, y la toma desmedida del fruto prohibido acabó con su lealtad, desviándose al imaginativo que le regalaba su nicho social. Por ende llego un momento para despedirnos, para entender que jugabamos con los dioses siendo simples mortales, para vivir lo necesario que se transformó en conceptos vanos del individuo. Nos volvimos humanos...
Y fué así que decidimos decirnos adiós, de la manera más líquida e incapaz, de la manera menos óptima para demarcar nuestra imperfección; jugamos a las razones, a poner todo en una balanza que estaba manipulada por los conceptos religiosos del amor. Creamos todo un campo de batalla para demostrar quien era más capaz, más integro, más leal; para darnos cuenta que éramos dos sujetos imperfectos... Por eso estoy acá, preguntandote a ti, Illumihada, ¿Cómo lograr el amor sin juicios? si vivimos en esta sociedad tan regida por lo idealizado, por las culturas perpetuadoras de juicios y prejuicios.
Illumihada solo se limito a separar el cigarrillo de su rostro, observándolo de manera pérdida, clavando su mirada en el filtro; después hizo una seña con sus ojos, levantando su cara hacia el techo y después dirigiendo su mirada a la niña, esa misma que compartía su lecho.
"Su figura tan imperfecta y frágil, indigna de algún gladiador, guerreo o espadachín. Una figura tan endeble que se transformo en un dios; el dios que convirtió mi pesadez en perfecta pasión, para mi que eres hijo de Poseidón"
Mujer Naranja